El artista, la envidia y el cambio
El lunes estuve viendo a Vetusta Morla, Cooper y Noviembre (grupo local, bastante recomendable, buen directo) en Medina del Campo. Todos disfrutamos de las canciones de todos ellos como si fuéramos nosotros quienes actuáramos y todos ellos disfrutaron de la compañía de un grupo de gente entregado a su música.
Ayer estuve también viendo la exposición que hay en el renovado Museo de las Francesas. Dicha exposición se llama Picasso: Arte y Arena y es altamente recomendable.
Ahora viene mi parte: siento mucha, pero mucha envidia (sana) de la gente que tiene una vis artística y que es capaz de dar con ella y hacerla salir.
No porque puedan hacerla salir, sino porque son capaces de conectar con la gente. Ver el Guernica en el Reina Sofía es algo que impresiona. Quizás porque nos han dado la chapa con ella (el simbolismo es evidente y, si ya te la encuentras así porque sí, entonces es la releche), pero si ves una exposición pequeñica con obras menores, a mí se me sobrecoge más si cabe el corazón. Es lo que pasa con un concierto. Con pequeños gestos, los tres grupos nos ganaron a todos los que estábamos allí con su vitalidad, con su música, con sus letras. En un sitio pequeño (la Plaza Mayor de Medina del Campo no son los Campos Elíseos, precisamente, aunque es bastante más grande. Igual que conecta Picasso con sus representaciones del toro, en un lugar pequeño (la Sala de las Francesas no es más grande que el salón de mi casa – exageración, sí, pero es una sala pequeña).
Y veo con envidia como la gente es capaz de conectar a través del arte: la música, la escultura, la pintura. Es capaz de representar ideas, de captar sentimientos, de hacer sentir. Como uno es un poquico émpata, esas sensaciones me recorrían el cuerpo durante el concierto, durante el recorrido de la exposición. Y no sólo sentía lo que sucedía en el escenario o lo que podría pasar por la cabeza de Picasso haciendo esos dibujos con temática torera, sino lo que sentía la gente a mi alrededor: el amor, la amistad, nobleza, fuerza, etc.
Y creo que se sintieron llenos. En ese momento en el que se acaba una obra, un concierto, el artista ha de sentirse lleno con lo que hace. Siempre habrá alguien a quien su mediocre vida pueda alegrarse al ver una obra, al disfrutar de una canción, al oír los acordes de una guitarra acústica. Como me pasó a mí el lunes. Y como le pasó a mucha otra gente.
Y precisamente ésa es la envidia: el hecho de sentir que mi mediocre vida va a seguir siendo mediocre durante mucho tiempo, a pesar de lo que vea, de lo que escuche, de lo que sienta. ¿O no? Como dije el lunes en Twitter justo antes de ir a la cama:
Lo que tenemos no nos satisface. Anhelamos lo imposible. En nuestra mano está hacerlo posible.
En nuestra mano está. Siempre está. Hoy empieza un gran día.
Pues habrá que ponerse manos a la obra