Impuestos, eficiencia en el gasto y dogmatismo
- 31 agosto, 2009 -
- Política -
- Tags : Impuestos, reforma fiscal, subida
- 2 Comments
Ya que hoy hay un debate muy pero que muy encendido en Twitter, y gracias a las entradas de Antonio Cartier, César Calderón y Cristina Cifuentes (al menos estas tres) el tema está que arde, me meto de por medio con una pregunta que he lanzado al aire: ¿por qué se discute subirlos o bajarlos y no la eficiencia en gastarlos?
Voy a poner como ejemplo a la Junta de Castilla y León, que por algo es la que conozco más de cerca. Se rebaja la base imponible en un 99% en las donaciones entre ascendientes y descendientes para vivienda habitual. Se rebajan los tipos del Impuesto de Actos Jurídicos al 0,10% en los préstamos para adquisición de vivienda y en las adquisiciones de primera vivienda para menores de 36 años. Se rebaja Transmisiones Patrimoniales al 2% en segundas y sucesivas transmisiones en el medio rural si la suma de la Base Imponible General y Especial menos el Mínimo Personal y Familiar no supera los 31.500 euros (2º año seguido con este límite; con el PP la inflación no existe). Se aplican deducciones de la cuota en el tramo autonómico para los arrendatarios de vivienda.
Ok, son ejemplos de vivienda, pero son los que más nos afectan a la gente de mi tramo de edad (25-36 años). Pero partamos de la premisa que hemos de pagar impuestos, porque ¿alguien se imagina mantener una administración sin impuestos? Chip, se puede hacer, acuñando moneda como en la Edad Media, pero con el Banco Central Europeo, el Banco de España y el Euro, creo que está complicado el asunto.
Visto que las bajadas de impuestos molan y son tan fáciles de hacer y vender, vamos a hablar de otras cosas. La rebaja de los tipos impositivos en Actos Jurídicos no fija un límite de renta, con lo que se convierte en una medida lineal, lo cual no perjudica a las clases bajas (se llega a pagar 20 euros por un préstamo medio) pero sí beneficia, y mucho, a las clases altas. Las deducciones en la cuota del tramo autonómico para arrendatarios fijan como límite una base imponible de un máximo de 18.000 euros, pero te pueden dar una ayuda de hasta el 35% si eres menor de 36 años y tu renta está entre 2,5 y 3,5 veces el IPREM (en el caso de Valladolid, el IPREM corregido para una familia de un miembro o miembra está en más de 30.000 euros de ingresos brutos).
Si no pagamos impuestos, no podemos tener servicios sociales. No se puede promover una política activa de empleo, ni mejorar la educación, ni dar Sanidad universal y gratuita, ni siquiera realizar políticas activas sobre vivienda, que son los casos de las VPO que se deberían haber construido estos últimos años a precios razonables (¿por qué materiales de calidades parecidas cuestan el doble en el bloque de enfrente que es libre?, se preguntaba un amigo mío).
Ahora hablemos de eficiencia: cualquier Administración Pública está claramente sobredimensionada. En Valladolid más o menos un cuarto de la población activa trabaja de algún modo para la Administración, más los Organismos Autónomos, Fundaciones, Entidades Públicas Empresariales y demás zarandajas relacionadas con la Administración.. Y es mucha tela: Junta, Universidad, Ayuntamiento, Diputación, Administración General del Estado… Ahora bien, ¿cuánta plaza de funcionario está ocupada por personal laboral? Hay razones justificadas, pero también mucha picaresca (de la de no me incorporo a esta plaza, porque me pilla a la otra punta de la región).
¿De verdad es necesario que exista tanta burocracia y entes satélites? Eso redunda en que Valladolid sea, para mi inmodesta opinión, una de las ciudades más inmovilistas y menos innovadoras de toda España. Pocos negocios arriesgados se ven últimamente por el centro de nuestra ciudad. Es muy difícil encontrar una agencia de publicidad o comunicación medianamente decente en la televisión y la radio de Valladolid y de nuestra Comunidad. La investigación se realiza en su mayor parte por la Universidad, y si una empresa de la región quiere investigar y usar fondos públicos ha de presentar hasta la talla de calzoncillo de su fundador, aunque éste no viva ya.
Y por último el dogmatismo: la izquierda ha defendido siempre la tributación de las clases más altas y la progresividad de las cargas fiscales, mientras que la derecha suele pensar que el mercado es capaz de regularse a sí mismo sin intervención pública y reduciendo la imposición. Sin embargo, muchos de los movimientos que se ven hacen que cada vez esta frontera ideológica esté más difusa.
Pero, ¿de verdad en asuntos como éstos se puede tener una ideología? Decía mi profesor de Filosofía en BUP (sí, soy de Burros Unidos Pastando) que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y cada vez estoy más de acuerdo en que esto es así. El Gobierno no sabe explicar una reforma fiscal necesaria, y que además ha de acometer la unificación del tipo del IVA de manera urgente. El PP de repente se erige en portavoz de vete a saber qué situación impositiva, y mientras los demás viendo como, hostia va, hostia viene, el bolsillo de mucha gente se está viendo afectado por una situación que nosotros, nadie de los de a pie hemos creado.
Señores, tranquilidad y buenos alimentos. Pactos de Estado. E menos falar e mais traballar.
políticas activas. Corrígelo.
Ya tá corregío…