Ayer en El País leía un artículo que bajo el expresivo título de Internet también crea marginados, se constataban una serie de hechos en los  Estados Unidos por los que la brecha digital existe. Bien, no nos hace falta irnos tan lejos para encontrar una brecha digital que, no sólo existe, sino que puede poner en peligro el desarrollo de nuestra Economía de cara al futuro.

Hemos de recordar que nuestra economía no es precisamente la más productiva que existe: se trabajan muchas horas, no se rinde (muchas veces por ese exceso de horas) y los salarios no se corresponden con el número de horas trabajadas. Sin entrar en las razones que causan esa baja productividad, sí hay que tener en cuenta que el manejo de las herramientas que hoy ponen a nuestro alcance las TIC (hablar de Nuevas Tecnologías va ya quedando obsoleto) puede suponer un plus a la hora de conseguir un empleo o que la idea una persona emprendedora funcione o no.

Pero esa brecha digital no sólo existe sino que es palpable en ejemplos que tenemos a nuestro alrededor y en los que se podría hacer más. Con una población envejecida (el ejemplo de Castilla y León) hablar en las zonas rurales en que apenas funciona el teléfono de una conexión a Internet es poco menos que reírse a la cara de la gente de sus problemas.

Los problemas de las zonas rurales son completamente diferentes de los que existen en las zonas urbanas, y ahí los poderes públicos con los planes de extensión de la banda ancha, telecentros, el Plan Avanza y otras muchas herramientas son quienes tienen mucho que decir en este asunto. Pero no sólo eso. También han de fomentarse la creación de herramientas que puedan mejorar la productividad y calidad de vida en el campo, especialmente en explotaciones agrícolas y ganaderas, ya que aunque estas herramientas puedan ser caras de desarrollar e implementar el beneficio a largo plazo superará a esos costes. Y ahí podemos demostrar que queremos acabar con la brecha digital.

También podemos exigir que las comunicaciones funcionen, ya que muchas herramientas que hoy usamos se basan precisamente en eso: ¿qué sentido tendría una aplicación que automatice el riego si no se puede activar a distancia?

Pero mucho más importante que las herramientas es saber darles uso. Y esa parte es lo más importante de todo. Podemos crear herramientas muy útiles, documentos de identidad electrónicos, redes sociales, lo que queramos y esté en nuestra mano, pero cuando la gente no es capaz de utilizar las herramientas más básicas de ofimática, no es capaz de encender un ordenador o no es siquiera capaz de hacer una llamada con su teléfono móvil, creo que ha llegado la hora de replantearnos nuestros objetivos.

Y ese objetivo no es otro que buscar la accesibilidad por el conocimiento. Y para conocer hay que formar.

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