El mismo documento descargado del BOCYL

Bueno, más bien, pdf mojado.

Hoy me he puesto a revisar las ayudas al alquiler de la Junta de Castilla y León, y aunque viene una guía que transcribe lo establecido en el BOCyL, he preferido descargarme el archivo directamente de la propia página de información de ayudas al alquiler de la Junta. Cosas que pasan: desde que instalé el Adobe Reader, abro los archivos con dicho programa en vez de con Vista Previa (algunos no usáis Mac, lo sé, deberíais hacerlo) y me fijo en que el archivo sale con un que la firma electrónica no es válida. Y no es válida porque una sencilla razón: el documento se ha modificado desde que se ha firmado.

Hago otra comprobación, con un archivo del BOE y eso no me sale. Pero remato el asunto yendo al BOCyL, al día 27 de abril y descargándome la Orden. Y, oh, sorpresa, ese documento no ha sido modificado desde que se firmó.

Y ahora me pregunto, ¿de qué sirve colgar un archivo diferente si el archivo ya está en el BOCyL? ¿Por qué el fichero ha sido modificado después de firmado? Quiero creer que la modificación se refiere al nombre del archivo, pero habrá que revisarlos.

Os dejo los pantallazos para que podáis verlo, sobre todo los que tenéis más conocimientos técnicos (y herramientas) que yo para poder discernir qué es lo que ha cambiado. Haced click en las imágenes para verlas a tamaño real:

Un documento del BOE de hoy

El documento descargado de la página de información de ayudas

El mismo documento descargado del BOCYL

Sinceramente, el ahorro en papel es importante, pero también la seguridad jurídica. Y los Boletines Oficiales son algo mucho más serio de lo que algunos puedan pensar. No quiero recordar que aquí en Valladolid se aprobó un PGOU en el Pleno del Ayuntamiento que fue publicado de otra manera en el BOCYL, que en aquellos momentos se publicaba en papel.

Por último, sigo sin entender la necesidad de poner una versión de lo publicado en Word. ¿Por qué no se sube esa versión en HTML para que los buscadores puedan acceder a ella? Que sí, que Google también indexa pdfs y archivos de word. Pero, ¿no es más sencillo que se cargue una página con el texto que es más rápido?

En fin, que serán cosas mías. Pero miedo me da.

Porque cuanto más accesibles sean las normas (y más confianza generen), más volverá la ciudadanía a confiar en quien nos gobierna, ¿no?

Nah, elucubraciones mías. Que soy un malvado.

Pues sí, llamadme snob. Y tecnócrata. Y elitista. Es que me resbala.

Llevamos una temporada bastante complicada en lo que a comunicación política se refiere.

Quienes participamos activamente en este mundo, haciendo llegar mensajes para que sean interesantes, en muchas ocasiones perdemos el hilo de lo que sucede en la sociedad. Hay una gran desafección hacia lo que representa la clase política, la sociedad está desencantada con la política y mucha gente ni siquiera conoce a políticos que deberían serlo.

La televisión recoge, hasta cierto punto, esto. Los telediarios son importantes, pero en varios de ellos la información política es con lo que se abre la información, pero se dedica más espacio a la crónica de sucesos, deportes o aspectos que no deberían ser noticiables (calor en verano, frío en invierno). Tampoco ayuda que muchos de los mensajes se basen en atacar al adversario, en lugar de hacer propuestas concretas en aspectos que interesen a la ciudadanía (obviamente sin que se caiga en lo demagógico).

Y tampoco ayuda que no haya una verdadera tradición de debate político en nuestro país. Sí, hay programas como 59 segundos, que están bien, recogen varias opciones y además se realizan en una televisión pública. Pero hay otros como El Gato Al Agua donde el debate es único y se basa en atacar a quien no comulga con lo representado (¿alguien se acuerda de esa tía es una puerca y una zorra o algo así? Pues eso).

Sin embargo, que en un programa de telebasura haya una tertulia política, puede ser un gran acierto para unos y un gran error para otros. Para mí, de hecho, me parece esto último: un error. Sí, será el programa más visto de la televisión en España, será un programa que ve mucha gente, pero no veo la utilidad de ir a una tertulia política un sábado casi de madrugada después de ver que alguien se lió con quien fuera, soportar vejaciones y humillaciones varias, descalificaciones y gritos.

Y me da igual que a ese programa haya ido Óscar López, o que ahora haya ido Tomás Gómez. No creo que la banalización de la política sea necesaria para acercar la política a la ciudadanía. No creo que la gente que vea esos programas espere ávida a esa parte del programa (a pesar de que el share se sitúe alrededor de un 20% muchas noches), ni creo que un sábado por la noche no haya planes mejores que ver la televisión, o al menos ese tipo de televisión.

Se nos llena la boca con innovación, con mejorar la sociedad, pero esos programas están fomentando roles que no casan con lo que defendemos desde un punto de vista del progreso de la sociedad: roles muy definidos hombre-mujer, mucho bocazas, poco diálogo y mucha discusión. Y ninguna conclusión.

Igual ése es el problema. Que no sabemos sacar conclusiones. Que sólo se valora a cuánta gente llega el mensaje, pero no se sacan conclusiones claras de cuánta gente asimila y asume ese mensaje.

Ya sólo nos queda que los debates de las próximas elecciones generales sea en forma de anuncios a la hora en la que había anuncios de ésos en la tele.

Y si la única manera de hacer visibles a varios de nuestros políticos para la sociedad es ésta, igual es que algo falla. Y no debería darnos igual.

Y es que también duele oír, como oí hace un tiempo a un compañero de aquí de Valladolid, que se había eliminado el requisito de la licenciatura universitaria para asistir a un Congreso Federal. Igual a un Congreso Federal hay que enviar a gente dispuesta a cambiar cosas. Pero yo no considero que carecer de una licenciatura universitaria excluya a gente con talento, condiciones y ganas de trabajar. Igual es que al tener una licenciatura universitaria y ganas de trabajar no soy lo suficientemente bueno para seguir trabajando por el progreso de la sociedad.

Señoras, señores, el circo ya ha empezado. Quedando poco menos de un año para las próximas elecciones y más de año y medio para las siguientes (quien crea que se van a adelantar las elecciones de marzo de 2011 que se fije bien en todos los indicios), resulta que se ha abierto el periodo de elección de personas candidatables. Y como no podía ser de otra manera, ya llueven hostias en Madrid.

Es obvio y entendible que la gente del PSM (y de otras federaciones y agrupaciones) no entiendan el movimiento que parece haber surgido desde Ferraz (que es la sede federal del partido, no La Moncloa) para que Tomás Gómez no sea el candidato y se pueda elegir a otra persona para poder optar a presidir la Comunidad de Madrid que, manu militari, ostenta hasta el momento Esperanza Aguirre. Han sido muchos años de paracas llegados de otros lares que se han presentado para intentar conseguir bien alcaldías bien Comunidades Autónomas, y que han fracasado en el intento. Muchas veces porque esa persona era identificada con la estructura federal y no solía ser muy afín a la gente que estaba allí batiéndose el cobre para ganar las siguientes elecciones o porque había estado dedicado a otros menesteres y había perdido la perspectiva de donde se presentaba.

En Madrid esto ya ha pasado en anteriores ocasiones, igual que en otros muchos casos.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que en este caso el que haya primarias en Madrid (o en otros sitios) puede que no sea tan malo. Primero, en el caso concreto de Madrid, porque Trinidad Jiménez no es que sea precisamente una desconocida en Madrid. Y segundo porque también en las estructuras del partido hemos de entender que la estructura del Partido y la que se presente a las elecciones no tiene porqué ser la misma. No obstante lo anterior, Tomás Gómez y su equipo han estado trabajando durante este tiempo para darse a conocer en la Comunidad, denunciar las irregularidades, abusos y desigualdades del PP en Madrid y conseguir ganar unas elecciones. Pero también hay que entender que en la Federal tienen acceso a muchos datos, muchos. Los tratan como pueden y siempre hay fórmulas para buscar acuerdos y encontrarlos si hay voluntad. Cierto es que la situación en los últimos días le ha beneficiado a Tomás Gómez y al PSM. Por una sencilla razón, la empatía con el más débil. Pero esta estrategia también supone un ataque, con lo que ahora sería tiempo de buscar soluciones.

Y si esas soluciones pasan por las primarias, pasarán. Peor han de pasar como lo que son: un proceso democrático en el que quienes somos afiliados y afiliadas a un partido que tiene establecido este procedimiento democrático se pronuncien a favor de una u otra opción, pero luego hemos de seguir trabajando codo con codo, todos juntos en pos del que es nuestro objetivo: conseguir una sociedad mejor, una sociedad más justa, una sociedad en la que todas y todos tengamos una voz y que ésta sea escuchada. Es decir, para ganar las elecciones.

Y lo mismo que digo para Madrid, me vale para Valladolid, para Sevilla, para Zaragoza (bueno, allí no, que gobernamos), en Zamora o en cualquier otro lugar en el que haya visiones diferentes de los modos para conseguir los objetivos que tenemos marcados. Y eso es lo verdaderamente importante.

Espero que ésta sea la última vez que dedique un espacio a esto. Porque las primarias han de ser abiertas a la sociedad, pero no sirven para sacar los trapos sucios de unos y de otros, no valen para atacar al compañero o compañera que se presente y que no nos guste. Hay unas urnas, unas votaciones, unos procedimientos y unos plazos. Y caben negociaciones. No chanchullos.

Esperemos que no haya tentaciones en este sentido. Porque nos jugamos mucho. Algo más que una presidencia o una alcaldía.

Nos jugamos que la sociedad pueda ser mejor, nos jugamos evitar que los conservadores sigan extendiendo sus políticas neoliberales y ocupando nuestro espacio.

Nos jugamos que la sociedad progrese. Porque somos progresistas, y el primer progreso lo hemos de demostrar en casa. Si no, nos compramos una libreta azul, apuntamos un nombre y a perder elecciones. Imagino que el ejemplo os sonará.

Ya sabéis la mayoría que no sólo soy un homo politicus, sino que también me dedico a otras cosas voluntarias. Y entre ellas está la Asociación Cultural Gebres, que mola. Y mola porque con recursos escasos, tal y como está pasando con otras asociaciones en muchos otros sitios, nos curramos una semana cultural para dar salida a nuestra hiperactividad en el pueblo.

Y el pueblo es Villamayor de Campos. Uno de esos pueblos de Castilla que está en la Tierra de Campos zamorana y que se parece a tantos otros. O igual no. Quién sabe. Si queréis ver el programa completo, haced click en el cartel. Nos vemos por allí.

Quien me sigue sabe que determinadas cosas las obvio y no las suelo comentar, porque en algunos casos mi opinión no casa con lo que debería ser habitual. Vamos, que no soy un fanboy y aunque dé la impresión de troll a mucha gente, intento hacerlo con un poco de cabeza y, sobre todo, evitando sacar de quicio a la gente, lo cual no quiere decir que no sepa pinchar en hueso. Por eso, a veces, hay gente que me saca de quicio.

Hecha esta introducción fuera de lugar, muy fuera de lugar, sí quiero comentar una cosa, que es a lo que se refiere la entrada.

El verano está empezando a acabar. Y en el pasado Comité Federal (y por extensión en todos los Comités Autonómicos y Provinciales) se ha tratado el asunto de las candidaturas. Es decir, se ha dado el pistoletazo de salida a hacer movimientos maquiavélicos, trabajos sórdidos y mucha cañería dentro de la casa (esto es, el PSOE, que en mi bio queda bien claro). Sin embargo, todo este trabajo sucio no empieza sólo en el partido, sino también en la calle y, sobre todo, en muchos medios de comunicación.

Familia, los medios de comunicación no dejan de ser empresas que quieren ganar dinero y, para ello, se sirven de muchas estrategias. Y una de ellas, en Internet, es obtener visitas. Con estas visitas obtienen publicidad, generan estadísticas de visitas, de uso, de tiempo en el medio, etc. Es decir, ganan dinero con nosotros (bueno, no mucho, pero algo de caja hacen).

Es por eso que hemos de empezar a discernir dónde hemos de dirigir nuestros esfuerzos de movilización de cara a dar visibilidad a determinados asuntos. Pongamos un ejemplo práctico.

Si una web de noticias local con apenas repercusión publica una encuesta en Valladolid sobre quién ha de ser el mejor candidato para la alcaldía, no hemos de lanzarnos como posesos a hacer valer una determinada opinión. ¿Por qué? Porque seguramente ese medio no genere mucha opinión. Y porque si le damos visibilidad a ese medio no sólo le damos visibilidad dentro de nuestro ámbito, sino que demostramos puertas afuera que todo el mundo está nervioso, lo cual no es nada bueno ya que damos armas al oponente.

Obviamente, si esa encuesta sale en El Norte de Castilla, periódico de cabecera de Valladolid, pues entonces igual sí hemos de tenerlo en cuenta. Entonces sí hemos de participar. Pero también con un cierto escepticismo. Es decir, los resultados luego son maquillables y revisables. No es la primera vez que sale una encuesta en la que ya ha habido 5000 votos a favor de una determinada opción. E incluso en una encuesta con un resultado negativo o difícil de digerir se pueden buscar argumentos para dar la vuelta a la tortilla y utilizarla en nuestro propio beneficio.

Es decir, nuestros esfuerzos en Internet no sólo han de ir dirigidos a tener una presencia útil, sino también a saber cuándo hemos de ningunear algo que nos puede ser perjudicial. Y no me vale lo de es que los periodistas o es que hay que estar ahí. Hay muchos temas en los que no me meto, por una razón lógica: no se puede estar en todos los saraos. Esto es como ir de fiesta: si tienes dos opciones para ir de fiesta en una noche y optas por ambas, entre que cambias de opción se te pasan las ganas de fiesta o una no vale para nada y la otra sí o al final la noche se te va al carajo porque en una llegas al principio y te vas cuando empieza lo bueno y a la siguiente llegas a los amenes cuando ya no hay nada que rascar, porque intervienen diferentes factores: la gente, el lugar, expectativas… y el tiempo. Sobre todo saber cuál es la hora en la que se ha de empezar a trabajar.

Y, una última reflexión. Hasta las próximas elecciones, en mayo de 2011, queda un trecho importante. Un trecho en el que hay que empezar a pedir esfuerzos de movilización, un trecho en el que mucha gente se movilizará voluntariamente y otra mucha no lo hará aunque se lo pidamos y aunque sean personas muy visibles. Pero demos un respiro a la gente. No nos empecemos a tomar esto muy en serio ahora, porque cuando llegue la hora de ensobrar, de preparar actos, de mover cosas, igual hay mucha gente que ya está quemada de trabajar.

Y entonces veremos que nuestro problema es el de siempre: la desmovilización.

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