Llevamos unos días liados con la polémica de dónde montar un cementerio nuclear. Que si en Cataluña no, porque llevan años soportando “lo nuclear”. Que si en Yebra tampoco aunque el debate esté en la calle y Cospedal no quiera ser quien lo abra. En Bernuy de Porreros tampoco, habiendo funcionado la democracia.
De todo esto se deduce que el cementerio es algo necesario, pero que nadie lo quiere. Así que vamos a constatar hechos objetivos, tal y como hice ayer. Luego ya os ponéis las pilas y opináis, ¿vale?
Primer hecho objetivo: con la que está cayendo, se crearán puestos de trabajo. Igual algunos de ellos no son especializados, pero muchos otros sí. Se habla de 300, de 100 durante su funcionamiento, pero sean los que sean, serán bienvenidos y quien diga lo contrario no sabe cómo funciona esto.
Segundo hecho objetivo: el cementerio no puede ponerse en cualquier sitio. Ha de ser un lugar geológicamente estable, alejado de núcleos importantes de población y los habitantes que haya han de estar preparados para todos los planes de contingencia, habidos y por haber. Y, sea como sea, también ha de ser un lugar seguro y vigilado, con lo que no puede alejarse demasiado de un núcleo de población, por pequeño que sea.
Tercer hecho objetivo: residuo nuclear no es sólo el combustible nuclear. ¿Cuántas radiografías al año son plausibles? ¿Cuántos aparatos médicos funcionan con radioactividad? Igual deberíamos cerrar todos los hospitales también.
Lo dicho, lo mejor en estos casos es informarse antes de formarse cualquier tipo de opinión.
Aunque, os aseguro, en este tema tengo opiniones contradictorias.

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