Llevamos unos cuantos días oyendo que si los Ayuntamientos están mal, que necesitan dinero, que fíjate qué mal están las cosas, que si esto que si lo otro.

Pero empieza la época de las fiestas, con el pistoletazo dado este pasado fin de semana, con el Corpus de por medio. ¿Y qué quiere decir eso? Que empieza la orgía de orquestas, toros, verbenas, discomovidas y demás zarandajas que llenan las plazas de pueblos, barrios y ciudades.

Y en época de crisis, ¿qué sucedería si se renunciara a las fiestas o a parte del gasto público en fiestas? ¿Serían menos fiestas?

Yo creo que no. Y es que en este país hipócrita es más sencillo quitar dinero de otro sitio antes que de las fiestas. Es mejor llevar un toro nocturno que pueda costar un dineral a un pueblo para que los de allí no salgan siquiera a dar un corte que decidir apoyar a las asociaciones de ese pueblo para que hagan actividades o quieran recuperar espacios en el pueblo.

Porque resulta que en un pueblo hay que preocuparse antes de las fiestas que del alumbrado o de los servicios de abatecimiento o alcantarillado. Porque si acondicionar bien las canalizaciones cuesta 20.000 euros pero es para largo plazo, pero traer un toro 5.000 y es para un rato y encima para que lo disfruten los de fuera (que no votan, por cierto) es mucho mejor gastar estos 5000 euros porque es mucho menos dinero aunque sea peor a la larga para el pueblo. Ah, y si la Corporación Municipal decide celebrar la fiesta principal del pueblo tomando unos cacharros, ya se puede considerar que eso es un Pleno y mientras se está hablando con el alcalde, el resto de la Corporación le puede dejar tirado, porque el alcalde y sólo el alcalde es quien ha de hablar con todo el mundo; los demás pueden seguir tomándose unos vinos. Eso sí, montar una asamblea en el pueblo para explicar cómo está la situación no se puede hacer, porque las cosas no funcionan así.

Y eso por no hablar de las fiestas de las ciudades. Que si debate porque queremos encierros en las calles como si el patrón fuera San Fermín en toda España, que si nos traemos a folclóricas trasnochadas para llenar espacios gigantescos gratuitos y luego lo que gusta se lleva a espacios cerrados y cobrando entrada, que si ahora llenamos todos los espacios abiertos con casetas que dan bebidas y pinchos para que toda la ciudad se tire casi quince días oliendo a alcohol podrido…

Eso sí, de eso no podemos prescindir. Y cuesta un dineral. Y no hablamos del chocolate del loro, no, hablamos de mucho dinero, de presupuestos que en un pueblo se llevan el 20% del presupuesto anual o que en una ciudad grande igual pueden suponer varios millones de euros.

¿De verdad no podemos renunciar a la fiesta? Porque igual podemos tener mejores fiestas gastando menos dinero.

Ayer vía twitter llegué al blog de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones y me llevé una grata sorpresa: será posible para los Ayuntamientos ofrecer wifi gratuita.

De momento es una propuesta de regulación pero no está nada mal que los Entes Locales puedan ofrecer servicios wifi en sus municipios aunque sea a velocidades reducidas. Que 256kbps no es mucho, hasta ahí estamos de acuerdo. Pero las compañías de móvil en algunos casos reducen las conexiones a partir de determinado volumen a 128 ó 64 kbps.

Que tampoco es la panacea porque al fin y al cabo se refiere a wifi gratuito para prestar el servicio de forma transitoria, tampoco está mal del todo. ¿Por qué? Porque puede abrir la posibilidad de que Ayuntamientos pequeños puedan ofertar servicios a través de móvil sin necesidad de enviar sms, geolocalización aplicada a turismo, contenidos multimedia (de escasa calidad, pero para la pantalla de un móvil puede estar bien), etc.

Y algunos diréis que si esto no mola, que si el anuncio de que en 2011 el acceso a un mega será un derecho es muy corto, pero no todo el mundo accede a webs potentes con mil banners en flash, mil códigos que se tienen que ejecutar… Es decir, que ni todo el mundo se baja películas ni todo el mundo necesita en todo momento una conexión brutal que descargue en un suspiro. Hay veces en que en ese pueblo donde hemos encontrado una casa rural queremos enviar un correo con una foto de lo que estamos viendo en ese momento, y de esta manera tenemos abierta la posibilidad de poder hacerlo.

Y hay un plazo de 20 días desde la publicación en el BOE del proyecto de circular (hoy anteproyecto) para poder hacer alegaciones, con lo que quien crea que pueda mejorarse, puede intentarlo.

Luego, lamentos, pocos o ninguno, que hacer demagogia se nos da a todos muy bien.

Anteayer en el informativo de La Sexta venía una noticia que se titulaba Unir pueblos para ahorrar funcionarios.

Obviamente, aquí he de tirar un poco de las orejas a quien ha hecho el titular: el ahorro en funcionarios no sería tal, ya que habría que reubicar a quien trabaje en los Ayuntamientos que se unan, sea por la vía que sea, y posteriormente ver la necesidad de amortizar puestos.

Otra cosa diferente es la desaparición de puestos políticos: alcaldías, concejalías, asesores, etc. ¿Sería una pérdida importante (ojo, que milito en un partido político)?

Pues, sinceramente, no. Las hostias en los partidos serían gordas (hay mucha gente con ambición desbocada y desmedida), pero igual sirve para cambiar muchas estructuras y soltar lastre. Porque en todas las casas hay mucho inmovilismo.

Pero no me vale el decir desde el sofá todos los políticos son iguales y los partidos son una mierda. Si crees eso y no mueves un solo dedo, entonces, ¿por qué te quejas? Eres igual que ésos de los que te quejas y que no quieren que cambie nada.

Tenemos la democracia que tenemos, nos gustará más o menos (yo, sinceramente, estoy muy orgulloso de ella, y así se oye en el extranjero para determinadas cuestiones), pero creo que lo más imporatnte es la participación en una democracia. Y si no participas, ¿de qué te quejas? ¿Crees que es legítimo quejarse si no votas?

Los únicos apolíticos son los muertos. Y ésos tampoco se mueven.

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