Anteayer en el informativo de La Sexta venía una noticia que se titulaba Unir pueblos para ahorrar funcionarios.

Obviamente, aquí he de tirar un poco de las orejas a quien ha hecho el titular: el ahorro en funcionarios no sería tal, ya que habría que reubicar a quien trabaje en los Ayuntamientos que se unan, sea por la vía que sea, y posteriormente ver la necesidad de amortizar puestos.

Otra cosa diferente es la desaparición de puestos políticos: alcaldías, concejalías, asesores, etc. ¿Sería una pérdida importante (ojo, que milito en un partido político)?

Pues, sinceramente, no. Las hostias en los partidos serían gordas (hay mucha gente con ambición desbocada y desmedida), pero igual sirve para cambiar muchas estructuras y soltar lastre. Porque en todas las casas hay mucho inmovilismo.

Pero no me vale el decir desde el sofá todos los políticos son iguales y los partidos son una mierda. Si crees eso y no mueves un solo dedo, entonces, ¿por qué te quejas? Eres igual que ésos de los que te quejas y que no quieren que cambie nada.

Tenemos la democracia que tenemos, nos gustará más o menos (yo, sinceramente, estoy muy orgulloso de ella, y así se oye en el extranjero para determinadas cuestiones), pero creo que lo más imporatnte es la participación en una democracia. Y si no participas, ¿de qué te quejas? ¿Crees que es legítimo quejarse si no votas?

Los únicos apolíticos son los muertos. Y ésos tampoco se mueven.

Durante estos últimos meses hemos asistido al desarrollo del Caso Gürtel. Según parece en la parte valenciana del tema (siguen abiertas las causas en Madrid y en el Supremo) va a quedar temporalmente cerrada gracias a la vacatio iustitiae de este mes de agosto y hasta que se resuelva el recurso que interpondrá la fiscalía anticorrupción.

Lo que me espeluzna no es tanto la situación como los análisis que se están realizando. Desde un linchamiento a la persona del magistrado-presidente de la Sala de lo Civil y de lo Penal del TSJCV hasta el linchamiento del gobierno. Y no es ni una cosa ni la otra.

El otro día tuve la oportunidad de escuchar al antiguo fiscal anticorrupción, Carlos Jiménez Villarejo, explicar de forma sencilla y fácilmente inteligible lo que es un cohecho pasivo impropio: recibir regalos por razón del desempeño de un determinado cargo público, con independencia de que haya o no beneficio económico. Es decir, que si algún día me convierto en alcalde de mi ciudad o en presidente de mi maltrecha Comunidad Autónoma y un empresario decide hacerme un regalo de importancia (no unas picotas, sino algo de enjundia como unos trajes, un coche, un 5J) con ánimo de obtener alguna prebenda, la obtenga o no, será delito y me enchironarán. Y con merecimiento. Y siempre y cuando se pruebe este delito.

Por eso me preocupa la posible fractura democrática que se puede producir con este caso. Un Tribunal puesto en duda, en el que el juez podría haberse abstenido, o podía haber sido recusado, al ser amigo más que íntimo como ha reconocido el propio Camps. Una oposición que dice que el gobierno se está pasando por el arco del triunfo la separación de poderes, cuando esa misma oposición tuvo uno de los más ignominiosos fiscales generales que se recuerdan. Y un gobierno que anuncia que la Fiscalía Anticorrupción va a presentar recurso de amparo.

Y la calle no entiende lo que pasa. Unos dicen que es culpable (yo lo creo así, pero tendrá que demostrarse ante los tribunales) y otros creen que es una caza de brujas a un gran político.

Este caso ya empieza a ser preocupante y puede marcar un antes y un después de la radicalización de la política en nuestro país. Eso sí, nadie se rasga las vestiduras por las gilipolleces que se cometen en el fútbol… Sic transit gloria mundi.

Acabo de volver de la concentración en el Ayuntamiento de Valladolid. Había mucha gente, bastante más de la que esperaba, y la gente se sumaba a la protesta según se acercaban por allí.

Y espero que sea la última. De verdad.

Quiero que ETA deje de matar. Que se den cuenta que son el último vestigio de ese franquismo que muchos (y muchos de ellos también) hemos conocido por los libros de Historia. Y es por eso que estas luchas carecen de sentido.

Vivimos en democracia. Tenemos derecho a mostrar nuestras ideas sin tapujos. Tenemos derecho a la vida. Y si nuestro Estado, nuestra Constitución, proclama dicho derecho y en consecuencia impide al Estado matar, ¿qué clase de ideología que propugna la independencia de un pueblo ampara la muerte de quienes no piensan como ellos?

Si su idea es morir matando, lo van a conseguir. Va a caer sobre ellos el poder de la Ley. Y hoy deseo que sea la última concentración a la que asistamos todos los que creemos en la Democracia.

PD: trolls hay en todas partes. Hoy aquí ha tocado uno que pedía a Rubalcaba que explicara lo que se debía a ETA. Hay quien no se da cuenta que quienes matan son ellos; en política no hay sólo ideas, está el aprender, el compartir, el conversar; nunca el imponer.

Ayer traté el tema de la confianza en materia laboral cuando se restringe el acceso a la red. Pero, ¿qué sucede si esas restricciones se llevan a la política? En pueblo eso siempre se ha llamado censura. Y diréis, el caso que nos cuentas nos pilla lejos, total es en Murcia. Pero el vivir en una sociedad global hace que todo se pegue, menos la hermosura. Y claro, lo que se pega es lo malo. Siempre lo malo. Y aquí en Valladolid tenemos un especialista en ello.

Resúltase que se resulta que hoy he desayunado en Facebook con el Blog de María José Alarcón, a la sazón látigo opositor al gobierno del PP en la alcaldía de Murcia, y a la que tuve la suerte de conocer hace poco tiempo en un curso en Madrid. Es una mujer muy comprometida con lo suyo a la que, en el poco tiempo que le he conocido, no he oído decir una palabra por encima de la otra, a pesar de que podría rayar la desesperación.

¿Qué sentido tiene hacer censura de un blog? ¿Tanta gente lo ve? ¿De qué tienen miedo?

Y pregunto: ¿De verdad vale para algo la censura? Y responderé que sí. Para motivar contra quien te ataca. Para trabajar más si cabe para que nuestra sociedad siga siendo democrática. Para que no volvamos a viejas y estúpidas rencillas. Y, sencillamente, para conocer todas las versiones sobre un mismo asunto.

Por cierto, esto ya está corriendo como la pólvora por blogs, Twitter, Facebook (donde empezó todo). Y creo que es un asunto lo suficientemente serio como para dejarlo de lado. Porque en una democracia dos derechos son más fundamentales que ningún otro: el derecho a la vida y la libertad de expresión. Cualquier recorte en ambos implica que no estamos en democracia. Será otra cosa.

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