A nadie debería sorprender a estas alturas que la táctica del avestruz sea la utilizada por el Partido Popular. De hecho, desde la dirección nacional se está intentando minimizar el efecto del caso Gürtel desviando la atención a otros temas y evitando referirse a ello directamente o diciendo, como comentaba ayer Cospedal Antena 3 no todas las imputaciones son iguales. Y efectivamente es así.
No es lo mismo que alguien sea imputado por un robo (arts. 237 a 242 del Código Penal), cuando se hace para poder comer que el aprovecharse de una determinada posición de supuesta honorabilidad para enriquecerse presuntamente de manera ilícita, mediante el cobro de comisiones, sobrecostes en licitaciones públicas, recovecos legales, etc.
No entro en el fango político de estas cuestiones porque, sinceramente, me importa un bledo. Me repugna que, en una época como ésta de crisis económica, estemos hablando de que se ha regalado a fulanita un peluco de 2.400 euros. Que a la otra un bolso. Que si el otro pagó un chalé de un millón y pico de euros con cheques de los que no parece haber origen alguno. Que si una empresa en Castilla y León ha ido pique cuando estaba pagando presuntamente comisiones miserables por obtener obras en las que su oferta no era presuntamente la mejor. Que a un fulano presuntamente le consigan un cochazo de 60.000 pavos y se pegue un leñazo con él. Que a otro le den un Jaguar y no se lo quede porque a la mujer no le gusta.
Eso es lo que me da asco. Lo que me repatea. Y que gracias a una palabra como presuntamente algunos decidan esconder la cabeza y no hablar porque igual les salpica a ellos.
Sinceramente, creo que hace falta pasar página, dar un golpe en la mesa por parte de la generación más preparada que ha tenido la historia de este país allá donde sea necesario para abrirse paso y demostrar que éste no es un país de pandereta, amiguismos, conchabamientos, y olé, sino un país moderno que quiere avanzar y seguir adelante.
O presuntamente quiere seguir adelante. Hay veces que dudo que alguna gente quiera mirar hacia adelante sino que, como las avestruces, simplemente no miran lo que no quieren ver y se parapetan pensando que así todo pasará. Y esto va para todo el mundo: quien la haga, que la pague (y os remito a mi entrada de ayer, porque algunos han pagado un precio muy alto).
Presuntamente.







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