Ahora que tengo un poco más de tiempo, sí me puedo poner con algo más de ahínco a explicar qué es para mí el Día de Internet.

En la entrada de hace un rato hablaba del analfabetismo funcional y de las utilidades de la Red. Podemos perdernos en grandes discursos sobre si la Red esto o la Red lo otro. Sobre si ahora las relaciones entre usuarios son importantes (siempre han sido fundamentales), sobre en Facebook hay demasiadas granjas, en Tuenti cienes de adolescentes mostrando sus cuerpos, en Twitter una cantidad de egos ingentes preocupados de los retuits o en Tumblr demasiadas cosas subiditas de tono.

Lo que es cierto es que Internet está cambiando muchas cosas en nuestra sociedad y, la gran mayoría, para bien. Gracias a Internet se están acercando familias que antes habían perdido el contacto. Esta utilidad puede parecer una cosa muy sencilla, pero explícaselo tú a Manolo, el de tu pueblo, ése al que tienes tanto cariño y que por cosas del desarrollismo de este país tiene unos nietos en Barcelona a los que ve en verano y cada año que pasa sólo unos días. Quizás Manolo nunca sepa manejarse con Word, quizá nunca entre en Facebook a sembrar en la granja y ni se aliste en un clan mafioso, pero si a Manolo le enseñas que encendiendo ese aparato del demonio y pulsando dos veces una tecla en una cosa que tiene en la mano sobre un determinado símbolo en una pantalla se enciende la cámara que está encima de esa pantalla y puede ver a su prole crecer, quizá Manolo encuentre que este invento dichoso del que hablan en la tele tiene un sentido para él.

Igual que para Manolo, a Ahmed, inmigrante que lleva varios años en España y que por culpa de la crisis se ha quedado sin trabajo, puede encontrar a gente de la zona donde vivía allá en su país que ha montado un pequeño negocio y ver que están necesitando alguien para trabajar con ellos, mandándoles su curriculum y, por arte de magia, ver que a los pocos días le dicen que puede incorporarse cuando quiera, porque para ellos no es un extraño y saben que pueden contar con él para trabajar duro.

También María, una mujer que ha pasado años dedicándose en cuerpo y alma a su familia pero que se encuentra con mucho tiempo libre ahora que sus hijos son mayores y Paco, su marido, ha sido prejubilado muy joven, puede encontrar que esa pequeña afición que tiene de pintar esas pequeñas cosas de la vida es compartida con otras muchas personas. María puede descubrir que gracias a un curso básico de iniciación a Internet esa pequeña afición también puede ser una ventana abierta al mundo, a pequeñas experiencias, a conocer gente, y le puede servir también para que Paco, quien le decía que había muchos cuadros en casa, se dé cuenta que su mujer, ésa a la que quiere pero no recuerda el porqué, sigue siendo esa persona de la que se enamoró.

Vale, todo esto es bucólico. Muy bucólico. Y son sólo ejemplos, pero muchas veces quienes estamos en la Red no percibimos las necesidades de quienes no están. O nos equivocamos y pensamos que nuestros intereses pueden ser las necesidades de mucha otra gente. Y esas necesidades puede que sean erróneas. El problema no es que haya ciegos, sino que por esos ciegos decidan tuertos o miopes que son incapaces de ver con claridad todo lo que necesitan quienes no ven y les dirijan, sin quererlo al abismo. Tuertos o miopes que, muchas veces, desarrollan una sordera que les impide oír los gritos de auxilio de esos ciegos a los que están guiando, sin saberlo, al abismo.

Por eso, hoy, el Día de Internet pensemos qué es lo que Internet puede aportar en nuestras vidas, qué espacios puede llenar. Y observemos a nuestro alrededor para ver cuáles son las necesidades de esa gente que parece no necesitar Internet. Quizá, pronto, muy pronto, nos puedan dar las gracias por haber visto lo que ellos no veían y que sólo podíamos intuir los tuertos, miopes y sordos que somos los que creemos que Internet es una puerta de entrada hacia un mundo nuevo, hacia ese mundo que está cambiando a nuestro alrededor.

Pues sí. Hoy es el Día Mundial de esto. De Internet. Y me veo en la obligación de escribir algo. Pero como dicen que una imagen vale más que mil palabras, pues prefiero dejaros con un vídeo que vi en el Tumblr de Francisco Luis Benítez. Porque las redes sociales, el dospuntocerismo, la participación, el relacionarnos con otras personas está aquí y ahora. Y no es una moda.

Y es inmediato. Todo pasa en un instante y uno o dos instantes después está en conocimiento de quien lo quiera conocer. Porque ahora ya no se trata del conocimiento, sino del acceso al conocimiento. Y gracias a Internet hoy podemos acceder al conocimiento de forma mucho más sencilla, fácil y rápida que hace poco tiempo. Porque Internet se ha colado en nuestras vidas y es imprescindible.

Pero aún queda mucho por hacer. Porque luchar contra el analfabetismo funcional es fácil, sólo es enseñar herramientas, pero hemos de darnos cuenta que el analfabetismo funcional viene porque hay quien no encuentra una utilidad a esas herramientas, pero porque quienes nos dedicamos a “evangelizar” sobre estos asuntos no somos capaces de ver más allá de nuestras propias necesidades ya cubiertas. Y una vez seamos capaces de ver las necesidades de quienes nos rodean, entonces podremos darnos cuenta que para que Internet cale en toda la sociedad es necesario encontrar utilidades que hagan que todo el mundo pueda ver Internet como algo necesario.

¿Por qué la gente aprendió a leer y a escribir? Para comunicarse. Para que no le engañaran. Para aprender. ¿Por qué se vio la necesidad de alfabetizar a toda la población? Para comunicarse. Para que no le engañaran. Para aprender.

Ergo…


Supongo que el vídeo de Punset (va al final de la entrada) dando una lección de humildad a la Ministra de Cultura desde un punto de vista constructivo y no destructivo. Y digo constructivo porque el punto de vista que dio no era el de “Sinde Pírate”, sino el hecho de que las Redes Sociales e Internet han de ser modelo de cambio y reconoce el ansia por impulsarlo por parte del Gobierno (mentes abiertas, por favor, oíd bien el mensaje, dejad de lado vuestros prejuicios, como lo he hecho yo).

Sin embargo, como tengo la mala baba que tengo, no puedo evitar hacer un par de reflexiones:

  1. Efectivamente, el control en Internet con el estado actual de la tecnología y la Justicia es algo así como una pérdida de tiempo y recursos. Es necesario una reforma en profundidad de la Justicia que no pasa por la vía legislativa sino por la vía de la comprensión del medio y la adaptación de las actuaciones judiciales y policiales a la inmediatez de Internet, pero siempre con el debido respeto a los Derechos Fundamentales. La propiedad privada en sí misma no es un derecho fundamental, sólo un derecho y no hablemos de Internet. De momento sólo se queda en la categoría de negocio…
  2. Respecto al tema del control, ¿quién o qué quiere controlar la Red? El control no sólo supone una actividad legislativa encaminada a fijar lo que no se puede hacer en la Red; pensar eso es un craso error. El control también viene por la vía de quienes nos están diciendo constantemente qué hemos de hacer para ser los más guays en la Red, los que nos dan consejos disfrazados de verdades absolutas; en definitiva, el control también viene por la aceptación de las actuaciones de quienes están diciendo qué es lo que se puede hacer o no en Internet en negocios, actividades académicas, nuestra vida privada… y se les sigue de forma incontestable. Si no queremos control en la Red, ¿por qué se asumen determinadas verdades de forma incontestable?

¿Que estoy diciendo que hay que controlar la Red? Pues más o menos, porque la Red no puede ser como el Far West, pero la regulación no ha de venir por el control de contenidos culturales, sino por una regulación más profunda y general (que no genérica) y que establezca los límites de la actuación de la Justicia de forma adecuada. Es decir, vigilar a los vigilantes, pero dotándoles de medios y formación para entender la realidad. Y creo, sinceramente, que Punset entendería lo que estoy diciendo.

Lo dicho, un poco más de criterio en según qué cosas y ser un pelín más constructivos en las críticas. Y si no se quiere ser constructivo, ser demoledor utilizando la ironía y el humor.

Parece que no, pero muchas veces funciona.



Cinco días cinco que llevamos de año y vaya racha. Que si blasfemar en Irlanda se convierte en delito, que si resulta que un contrato de asistencia en telecomunicaciones para prensa se convierte en objeto arrojadizo contra el gobierno, que si Rajoy sale con una uña roñosa ayer en el ABC, que si nos enteramos que el arzobispo de Granada dice que el aborto es más repugnante que los crímenes nazis, que si hay crisis y los centros comerciales están hasta las mazas de gente, unos cuantos “opinadores de postín” que se preocupan de que internet sean los que descargan cosas pero no todos con las carencias que hay tanto en conocimientos como en infraestructuras de acceso, una carroza antiaborto se cuela en la Cabalgata de Reyes de Madrid…
Y para colmo los Reyes nos los trajo Rouco hace semana y media porque él lo vale.
¿Dónde está la libertad? La mía, la tuya, la de quienes opinamos que para avanzar hay que dar pasos al frente y enfrentarse a las estructuras. La de quienes creemos que la crítica es sana. La de quienes creemos que todo se puede hablar.
Hay veces en que no quiero pensar esto, pero empiezo a creer que “ellos” son todos iguales: el progreso lo marco “yo”, y si “tú” lo haces no es progreso. Porque “yo” no he tenido esa idea.
Manda cojones.
PS: for Irish readers, God is a Woman, and fucking with her is being in Heaven

Cierto es que esto lo escribo después de ver Blade Runner (de hecho el título es una frase de la película), pero hay una palabra que define muy bien a los replicantes: esclavos.

Y nosotros somos esclavos de nuestras opiniones. De nuestros miedos. De nuestra gente. Ejemplos hay muchos a nuestro alrededor. Hoy mismo en la concentración a favor de la familia, esa familia que excluye a cualquier otra familia, la que no cree en nada más que en ella misma. Esa misma que cree que cualquier otra familia que no sea formada por un hombre y una mujer en unión cristiana bendecidos por una innumerable pléyade de hijos no tiene sentido alguno a los ojos de ¿Dios?

Y eso es lo que busca la Iglesia hoy día: tener esclavos. Gente que no piense, que actúe según sus dictados. Los dictados de los portadores de la verdad.

Pero tampoco hay que poner a la Iglesia como único ejemplo: el Partido Popular con su errática política en la que quien no está con él está contra él; una UPyD que busca su espacio con mensajes tan contradictorios como absurdos; una Izquierda Unida que está dejando de lado sus principios más básicos; los gurús de Internet que creen que sólo ellos son los que usan esta Red de Redes y la única manera usar la Red es como ellos dicen; unos medios de información que sólo muestran una cantidad ínfima de información y mucha opinión…

Es por ello que hemos de buscarnos varias fuentes de información, tener espíritu crítico, ver todos los puntos de vista antes de formarnos una opinión. Y una vez formada nuestra opinión, tenerla y mantenerla. Y sólo se podrán mantener esa opinión viendo más opiniones, incluso contrarias a la nuestra, para que se mantenga sana y lozana, como puede ser un coche o un ordenador.

Porque si no tenemos opinión, ¿de verdad vivimos?

Y si no queremos tener opinión seremos esclavos de otros. De los que sí la tienen.

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