Sé que llevo unos días sin publicar nada. Varias razones hay, como sabéis: tuiteo mucho, uso cada vez más tumblr, de vez en cuando echo algún vistacillo a Facebook…
Pero la verdadera razón es que he estado cerrando una etapa, concretamente en mi trabajo.
En este momento estoy saliendo de la oficina para no volver como currito. Y es que después de casi cinco años y medio en el mismo empleo y casi siete haciendo lo mismo, creo que ha llegado el momento de dar un giro a una carrera profesional estancada y que, gracias a lo maravilloso que es el mundo de la externalización de servicios, no permitirá aspirar a más si no existe un cambio profundo en la política de determinadas empresas en situación dominante o un golpe en la mesa por parte de las empresas de consultoría que prestan sus servicios por debajo del precio de mercado.
He conocido muy buena gente (en algunos casos en persona, en otros casos por teléfono durante estos cinco años), pero también he topado con gente de la que sobra. Son los menos, pero es gente que vendería a su madre por conseguir una meta, gente que arrastra a otra gente a hacer cosas sin pensar en las consecuencias, obviamente porque las consecuencias no las va a asumir quien está provocando esa decisión errónea.
Por lo demás, pues voy a aprovechar para descansar, reciclarme, tener un momento Ikea en mi vida redecorando esta casa de locos y disfrutando de las pequeñas cosas que hace mucho que no hago: mis cómics, leer más, cocinar un poco mejor, pasear y disfrutar un poco de aire fresco. Porque todos necesitamos respirar hasta llenar los pulmones para poder soltar ese mismo aire muy lentamente…
Y sí, este artículo publicado ayer en El País sobre años sabáticos lo he leído y releído hasta la saciedad. Y sí, necesito una temporada sabática. No por ser el mejor (¿qué es ser el mejor?), sino por el mero hecho de mejorar. De saber. De conocer. Y de buscar nuevos horizontes.
¡¡A disfrutar familia!!




